La Liga apunta irreversiblemente hacia el bipartidismo más absolutista. Cuatro jornadas son suficientes para comprender la diferencia sideral entre las dos potencias dominantes y el resto de pequeñas fuerzas que se agrupan en diferentes bloques entre una amalgama de debilidad y fiabilidad nula. Aparte queda el Sevilla; práctico, sólido y matador. Un islote de credibilidad aislado en la tercera plaza.
El resto de equipos hacen gala de una paralela contemporaneidad con los tiempos que corren. Les toca vivir en la austeridad, guardar la ropa y esperar que los peces gordos no toquen sus activos principales. Son castillos de naipes. Estructuras débiles.
Al Valencia le tomó dos semanas plantear su candidatura a objetar el poder establecido. En tres ya se ha visto que su talento es inversamente proporcional a su solidez. De un tiempo a esta parte, siempre tengo la sensación de que algo está a punto de explotar en Valencia. Una sensación real que se ha llevado por delante un par de temporadas potencialmente exitosas y amenaza con triturar un gran conjunto. Su afición vive en un constante estado alterado y el equipo tiende a tambalearse. Contra el Sporting tiraron tres puntos contra diez jugadores, Villa rajó, Emery dio la cara y el Getafe se la partió. Esta jornada reciben al Atlético. Mestalla irá con ganas de pitar. Qué poco dura la paz en Mestalla.
En esta línea está precisamente el Atlético de Madrid. Días de nada, vísperas de nada. Los rojiblancos son un estado de ánimo. Una traslación de la grada al campo de un manera particular de ver la vida y el fútbol. La inestabilidad institucional y el divorcio entre afición y directiva ha creado un prematuro clima viciado en el Calderón. Abel está más fuera que dentro. Su despido será la consecuencia de su renovación forzada y del estrepitoso comienzo del equipo.
En la incertidumbre también encontramos al Villareal, sin embargo hay que buscar las razones en otros apartados. Siendo un ejemplo a nivel institucional, el sueño parece haber acabado para el submarino. La plantilla se ha ido haciendo vieja y los recambios no son de la misma gama que sus predecesores. La paciencia y el buen hacer de sus dirigentes llevará al equipo a salir de está recesión y volver soñar, pero no este año. Como decía Calderón de la Barca, ‘’…toda la vida es sueño, y los sueños sueños son’’.
Y el resto es más resto que nunca. Viven al día, caminando hacia ninguna parte, huyendo del abismo, y los más valientes, asomando la cabeza a un horizonte diferente pero igualmente incierto. Les ha tocado un parte muy pequeña del pastel. Barcelona y Madrid acaparan el talento, el gol y las expectativas. Para los demás bastante será llegar a final de mes. A final de Liga.